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Wilhelm Wagner Kappler



Exposición - 14 Salón Regional de Artistas
Bogotá, Colombia
Las Edades (70 a 80 años) 
Textos: Natalia Mahecha
Fotos: Oscar Monsalve










































Texto 1: 

Wilhelm Wagner Kappler (1904-1961): una ruta de viaje artística

Por: Natalia Mahecha Arango
Politóloga e Historiadora de La Universidad de Los Andes

El valor de un legado artístico puede ser medido de diferentes formas. No obstante, una de las medidas más contundentes es aquella que nos remite a la capacidad de ese legado de hablar por su autor, de  reflejar sus vivencias y de contar los pequeños relatos de su vida a todo aquel que se detenga en su observación. Este es el caso de la obra del pintor alemán Wilhelm Wagner Kappler.

Primeros años

Su historia comienza en una pequeña ciudad de sur Alemania llamada Pforzheim, en donde nace el 13 de septiembre de 1904 en el seno de una familia conformada por el matrimonio de Rosa y Wilhelm Wagner y tres hijos más. Desde una edad muy temprana Wagner desarrolló una fascinación por la pintura, un gusto que fue encausado con su ingreso a la Escuela de Artes y Oficios de Pforzheim en donde estudió la técnica del esmalte pintado.

Wilhelm Wagner vivió sus primeros años de vida en un contexto artístico dominado por los contrastes entre el academicismo y las primeras manifestaciones de un arte vanguardista (1). De manera particular, durante la República de Weimar (1919-1933) la tensión entre modernismos y anti-modernismos llevó a que la expresión artística adquiriera un carácter crítico, crudo e innovador. La invitación de este arte a trascender y transformar el sistema político y social hizo que la cultura alemana de la época no fuese la manifestación de un consenso alrededor del “deber ser”, sino un campo de combate entre distintas manifestaciones artísticas (2). En este escenario Wilhelm desarrolló dos acercamientos particulares a la pintura. El primero de ellos a través de su consideración como un oficio, ejemplificado en su trabajo en esmalte que reúne una serie de motivos religiosos, florales y heráldicos. Y el segundo, por medio de una concepción de la pintura como un “acto privado”, alejado de los centros artísticos, producto de la experiencia personal y de un diálogo con la naturaleza directo y poderoso (3). En esta faceta, el motivo dominante en el trabajo de Wilhelm Wagner es sin lugar a dudas el paisaje.

Segunda Guerra Mundial

El 9 de Noviembre de 1929 Wilhelm contrajo matrimonio con Louise Böehringer, familia que sería completada con la llegada de los hijos Manfred Ludwig Wagner y Baerbel Wagner. Siguiendo la tradición de Pforzheim como centro de la industria de joyas, Wilhelm fabrica insignias y medallas elaboradas con la técnica de esmalte. La calma de la familia recientemente conformada sería perturbada por una serie de acontecimientos de gran envergadura. En el año de 1933 Adolf Hitler es nombrado canciller tras el colapso eminente de la República de Weimar. La llegada de Hitler al poder se dio en un momento en que en la sociedad alemana circulaba un gran descontento que se alimentaba de los problemas económicos, de la crisis social y de las exigencias impuestas por el Tratado de Versalles a Alemania al finalizar la Primera Guerra Mundial (4).  Esta situación allanó el terreno para que el nacionalsocialismo lograra dominar las estructuras sociales, políticas, económicas y culturales del país.

En el ámbito de la cultura se produjo una “politización de los asuntos estéticos” por parte del gobierno nazi, que condujo a la creación de aparatos dedicados a la regulación de todos los aspectos de la vida cultural alemana (5). Dentro del orden social totalitario propuesto por Hilter, al arte se le asignó un papel central como pilar de una identidad colectiva y como medio privilegiado para la difusión de propaganda política. Por esta razón, toda actividad artística debía ser fiscalizada por el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, a través de la recién creada Cámara de Cultura del Reich. Desde esta instancia se reglamentó la organización del cine, la música, las artes plásticas, y la literatura, actividad que fue presentada por el gobierno nazi como una “guerra de saneamiento” de la cultura alemana (6).
Desde esta perspectiva se produjo una ruptura radical entre el arte considerado propiamente alemán y el arte llamado “degenerado” (Entartete Kunst). El primero de ellos fue definido por los nacionalsocialistas como un arte racialmente puro que reflejaba el “espíritu alemán” al que todo el mundo debía aspirar. Era una concepción del arte que retomaba los modelos neorromántico y neoclásico del siglo XIX, en particular sus estándares de belleza y perfección (7). En cuanto al “arte degenerado”, el gobierno nazi rechazaba y censuraba todo aquello que había existido en la escena  del arte moderno alemán antes de 1933. El expresionismo, el dadaísmo, la Nueva Objetividad, el futurismo, el cubismo y demás vanguardias fueron acusadas de ser el producto de la “corrupción del arte” y de la ausencia de habilidades artísticas adecuadas. El ataque a estas tendencias artísticas también incluyó una descalificación de las mismas al llamarlas “arte judeo-bolchevique” y “arte cosmopolita-elitista” (8). La manifestación más clara de la anterior división tuvo lugar en la inauguración simultánea de dos exposiciones de pintura en la ciudad de Munich en 1937. Una estaba dedicada al arte auténticamente alemán y la otra al “arte degenerado”, y a través de la comparación se buscaba que el público aprendiera a distinguir lo que era aceptable para el Reich en términos artísticos.
Los artistas fueron obligados a unirse a los grupos oficiales y acogerse a los parámetros del arte promovido por el gobierno nazi. Aquellos que no lo hicieron o eran judíos fueron obligados a retirarse de la enseñanza en academias y escuelas, se les prohibió exhibir o vender sus trabajos, volver a pintar, se les forzó a emigrar e incluso algunos fueron asesinados (9). Con lo anterior, se logró desterrar la estructura artista-arte moderno-público de la escena cultural dominante (10). Como buen artista e intelectual, Wilhelm nunca estuvo de acuerdo con las acciones de los nacionalsocialistas, en particular con aquellas relacionadas directamente con el ámbito de la cultura. En algunas ocasiones manifestó públicamente esta desafección, lo que lo puso más de una vez en peligro por el riesgo de ser identificado por los agentes del gobierno. El hecho de que Wilhelm desarrollara su trabajo artístico de una manera muy personal y privada, sirvió para que lograra pintar por fuera de estas políticas de regulación estatal. Lo anterior le permitió actuar con una libertad artística relativa, en comparación con aquellos artistas que fueron perseguidos con mayor ensañamiento por el gobierno nazi.
Como corolario de la consolidación de las ideas nacionalsocialistas en Alemania, en 1939 inicia la Segunda Guerra Mundial al producirse la invasión de Polonia como parte de un proyecto de expansión del “espacio vital” del pueblo alemán liderado por Hitler (11). A finales de 1942, Wilhelm fue reclutado como enfermero de la misión de la Cruz Roja que acompañó al frente ruso de la armada del Tercer Reich. Los trenes en que viajaba llevaban nuevos soldados al frente y traían de vuelta a los soldados heridos para ser atendidos. En estos ires y venires de la confrontación bélica el pintor no pudo pasar por alto los paisajes y personajes rusos, en particular aquellos vistos a su paso por la Península de Crimea. En cierto sentido, Wilhelm mezcló la búsqueda de sí mismo a través de la pintura con los avatares propios de la guerra. En esta misma época su hijo Manfred fue reclutado por la SS, una organización militar, política y policial encargada de la seguridad en la Alemania nazi. Como parte de una política que buscaba formar desde pequeños a los ciudadanos alemanes del futuro, Manfred dejó el colegio para hacer parte de la Campaña militar que recorrió Nápola y Alsasia durante la guerra.

La derrota militar del Tercer Reich y su rendición incondicional el 8 de mayo de 1945, dieron por terminada oficialmente la conflagración. Ese mismo año Wilhelm vuelve a casa a reunirse con su familia. En medio de las condiciones de necesidad y hambre en que quedaron la mayor parte de los sobrevivientes en Alemania, el pintor restaura las pinturas de la parte de la iglesia que quedó en pie a cambio de algo de comida. Los fines de semana visitaba un ancianato cercano al pueblo en el que retrató a algunos de sus habitantes.

 En este momento, la pintura en Wilhelm es utilizada como un mecanismo de restauración de su propia vida y de la memoria de aquellos que al igual que él sobrevivieron. Ya en la posguerra, Alemania fue ocupada por gobiernos militares de Estados Unidos,  Inglaterra, la Unión Soviética y Francia que tenían como objetivo evitar que el país volviera a cobrar la preeminencia que le permitió desencadenar la confrontación bélica.
En 1949 se crean dos estados alemanes a cada lado de la Cortina de Hierro, uno socialista y el otro capitalista. La estructura de la Guerra Fría tenía como manifestación más clara el caso alemán, en donde la división bipolar del mundo permeó por completo la política, la cultura, la economía y la sociedad de las dos Alemanias (12). En el campo del arte, la cultura alemana declaró un punto cero (Nullpunkt) para volver a empezar, un proceso que partió del reconocimiento del pasado artístico y de la apropiación de las nuevas tendencias internacionales de las que había quedado de alguna manera aislada (13). Con todo esto, Alemania recobró la preeminencia que históricamente había tenido en la mayoría de artes plásticas y manifestaciones artísticas. Este es el país que Wilhelm dejaría para aventurarse junto a su familia a construir una nueva vida en algún lugar del continente americano.

Colombia

Aunque a lo largo de su historia Colombia nunca ha sido un país de grandes migraciones, la presencia alemana en el territorio contaba con una experiencia de larga data que puede ser rastreada incluso en los periodos de la Conquista y la Colonia (14). Como consecuencia de la cercanía política e ideológica del gobierno colombiano con los Estados Unidos, durante la Segunda Guerra Mundial se produjo la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Colombia y Alemania y los alemanes residentes en el país fueron objeto de medidas extremas como la expropiación, la prohibición de asociarse en colectivos, e incluso en algunos casos la expatriación. Este clima de beligerancia internacional también se desarrolló en el país con la organización de grupos de apoyo y difusión de propaganda nazi, y con la circulación de las ideas nacionalsocialistas entre algunos personajes políticos y militares (15).
Esta actitud sufre un cambio radical en el periodo de la posguerra, debido a los acercamientos entre Colombia y la República Federal de Alemania (RFA) por razones de diversa índole que incluían la presencia de varias familias colombianas en ese territorio, y la solicitud de varios alemanes que querían instalarse en el país o volver después de haber dejado temporalmente sus familias y sus vidas en Colombia a causa de la guerra (16). Uno de ellos es Wilhelm Wagner, quien llega junto a su familia en el año de 1951. A pesar de las evidentes diferencias entre ambos países en aspectos como el idioma y la cultura, la familia Wagner logró adaptarse a un ambiente nuevo al tiempo que conservaron su estatus de “ciudadanos de dos mundos” (17).
Aunque en Colombia el conflicto nunca alcanzó las dimensiones que tuvo en Alemania y Europa, a la llegada de los Wagner el país también estaba sumergido en una oleada de violencia producto de la confrontación histórica bipartidista y de las dinámicas políticas desplegadas fundamentalmente en las zonas rurales del territorio. La necesidad de poner fin a esta violencia sirvió para que el general Gustavo Rojas Pinilla llegara al poder el 13 de junio de 1953. Los partidos liberal y conservador junto a otras instancias de la sociedad ofrecieron su apoyo a Rojas Pinilla en la tarea de la pacificación, razón por la cual fue aclamado por la prensa como el segundo Libertador y salvador de la patria (18).
Durante su mandato se produjo una importante expansión de las Fuerzas Armadas y se dedicaron recursos significativos en la adquisición de armamento. No obstante, el peso de lo militar en su gobierno no sólo se manifestó en lo anterior sino también en un proceso más amplio de “estetización de la política”. Rojas Pinilla le confirió un papel central a la comunicación como recurso para asegurar la estabilidad del régimen, razón por la que creó la Oficina de Información y Propaganda del Estado (ODIPE) encargada de organizar una amplia red propagandista para la distribución de imágenes (e.g. fotos, afiches, efigies) del jefe de Estado (19). Igualmente, esta estetización de lo político también se desarrolló en el interior de la jerarquía militar con la creación de un conjunto de condecoraciones y distintivos para los miembros de las Fuerzas Armadas y sus múltiples suborganziaciones. Fue precisamente en este espacio en el que Wilhelm se vinculó laboralmente al trabajar en un taller en donde se fabricaban escudos e insignias para el gobierno de Rojas Pinilla.
En la década de los cincuenta también se produjeron importantes desarrollos en las artes del país. En este periodo el arte colombiano recibe importantes influencias de las corrientes dominantes en el ámbito internacional, en particular del arte abstracto. Estas corrientes fueron bien acogidas  por un conjunto de artistas que ya no se sentían identificados con las propuestas indigenistas y neocostumbristas desarrolladas en este momento (20). En su mayoría, estos pintores locales  pertenecían a una “intelectualidad cosmopolita” que propició la recepción, divulgación y discusión alrededor del arte moderno, de las vanguardias y del distanciamiento de las tradiciones académicas (21). En este contexto en el que la actividad artística no se encontraba restringida por la acción del Estado como sucedió durante la Alemania nazi, Wilhelm descubre los paisajes colombianos y vuelve a sentir esa fascinación por los colores y la vida contenida en la naturaleza.


De esta manera el pintor echa raíces en Colombia por medio de los recuerdos, las pinturas y de su hijo Manfred Ludwig Wagner quien contrajo matrimonio con Leonor Luna el 18 de febrero de 1956 y se radica de manera definitiva en el país.


De regreso a Alemania

Wilhelm vuelve a Alemania en donde muere el 21 de marzo de 1961 a la edad de 57 años, Su legado artístico, disperso en Alemania y en varios países de América es el reflejo de un trabajo que a manera de biografía registró los momentos más neurálgicos de su existencia. Sus cuadros no pueden ser vistos como casos aislados sino como una ruta de viaje que llega incluso hasta el día de hoy, momento en que el pintor Wilhelm Wagner Kappler queda expuesto ante el público para dejar hablar a su autor y al reflejo de sus vivencias.


Natalia Mahecha Arango
Politóloga e Historiadora de La Universidad de Los Andes


Notas

(1). Schulze, Hagen. Breve historia de Alemania. Madrid: Alianza Editorial, 2001. p. 145
(2). Lolinsky, Eva & Van Der Will, Wilfried. “In search of German Culture: an introduction”. En: Lolinsky, Eva & Van Der Will, Wilfried (eds.). The Cambridge companion to Modern German Culture. Cambridge: Cambridge University Press, 2004. p, 7
(3). Finke, Ulrich. German painting. From Romanticism to Expressionism. London: Thames and Hudson, 1974. p. 190-191
(4). Fest, Joachim C. El hundimiento: Hitler y el final del Tercer Reich: un bosquejo histórico. Barcelona: Galaxia Gutemberg, Círculo de Lectores, 2003. p. 55; Schulze, Op. cit. p. 168
(5). Barron, Stephanie. “1937: Modern Art and Politics in Prewar Germany”. En: Barron, Stephanie (ed). Degenerate art: the fate of the avant-garde in nazi Germany. Los angeles, Chicago: Los Angeles County Museum of Art, The Art Institute of Chicago, 1991. p. 9
(6). Richard, Lionel. Nazismo y cultura. México: Editorial Diana, 1993. p. 143
(7). Mosse, George L. “Beauty without Sensuality/ The Exhibition Entartete Kunst”. En:  Barron, Op. cit. p. 25
(8). Richard, Op. cit. p. 140
(9). Guenther, Peter. “Three Days in Munich, July 1937”.  En: Barron, Op. cit. p. 40
(10). Instituto para Relaciones con el Extranjero. Gráfica de los años 50 República Federal de Alemania. Stuttgart: Das Institut, 1990. p. 9
(11). Schulze, Op. cit. p. 207
(12). Schulze, Op. cit. p. 236; Lolinsky & Van Der Will, Op. cit. p. 11
(13). Instituto para Relaciones con el Extranjero, Op. cit. p. 9
(14). Tapias, Claudia (ed). Presencia alemana en Colombia. Bogotá: Mayr & Cabal Ltda., Editorial Nomos S.A., 1993. p. 7
(15) García de Estrada, Rodrigo de J. “Los alemanes en la historia de Antioquia (1850-1945)”. En: Tapias,  Op. cit. p. 66; Tapias, Claudia. Los alemanes en Colombia en el período 1939-1945”. En: Tapias,  Op. cit. p. 165, 167
(16). García, Op. cit. p. 196.
(17). Bretting, Agnes. “The Old Home and the New: The Problem of Americanization”. En: Moltmann, Günter (ed.). Germans to America: 300 years of immigrations, 1683 to 1983. Stuttgart: Institute for Foreign Cultural Relations, 1982. p. 159
(18). Galvis, Silvia & Donadío, Alberto. El jefe supremo: Rojas Pinilla, en la violencia y el poder. Bogotá: Planeta Colombiana Editorial, 1988. p. 250, 259, 401, 407
(19). Ibíd. p. 264
(20). Londoño Vélez, Santiago. Arte colombiano: 3.500 años de historia. Bogotá: Villegas Editores, Banco de la República, 2001. p. 261
(21). Gómez Echeverri, Nicolás. En blanco y negro: Marta Traba en la televisión colombiana. Bogotá: Universidad de los Andes. Facultad de Artes y Humanidades, 2008. p. 49, 52-54














































Texto 2:

Wilhelm Wagner Kappler
Por: Mauricio Cruz Arango
15 de septiembre 2012


En mi casa siempre hubo unos retratos de personas que nunca supe quiénes eran. Mi mamá nos decía que las había pintado su abuelo. [...] Lo único que sabíamos era que mi bisabuelo había llegado con su esposa e hijos huyendo de la Segunda Guerra Mundial, porque debido a su habilidad para trabajar los esmaltes, en Colombia él podía ayudar a hacer las medallas del general Rojas Pinilla. [...] Desafortunadamente, algún tiempo más tarde, ambos abuelos se quitaron la vida. La historia está vacía y llena de interrogantes.
La abuela Baerbel, hija del pintor, y testigo más inmediato, le cuenta a su nieta por correo electrónico detalles de la trágica vida del artista y su familia.
Hola Carolina, para que conozcas y comprendas a tu familia alemana, te voy a contar la historia desde los comienzos, de mis padres, la de Manfred y la mía.
[de los correos]: Desde pequeño,Wilhelm pintaba con el carbón de la estufa sobre papel al óleo detrás de la misma. Nunca fue comprendido por sus padres que eran campesinos sencillos y necesitaban ayuda en las labores agrícolas y no un niño que sólo pensaba en pintar. […] Mi papá tenía un pequeño taller para la fabricación de insignias y medallas, muchas pintadas al esmalte. Mi mamá trabajaba en un negocio muy grande de ropa que pertenecía a una familia judía […] Su carácter inconstante y el empeoramiento de la esquizofrenia, hacían muy difícil la vida en familia y realmente mis recuerdos de esa época no son muy gratos […] En los años de la guerra se perdieron muchos niños y yo tenía un cartón con mi nombre y dirección con una pita amarrado alrededor del cuello […] No somos ninguna excepción, muchos pasaron igual o peor, sobre todo los alemanes que vivían en la zona ocupada por los rusos […] Yo iba todos los días a la iglesia a rezar por mi papá, para que volviera de la guerra (no teníamos noticias de él) quizás algún día mis nietos se interesen por la familia Wagner. […] Mi padre llegó en el año 1951 a Colombia. Desde un comienzo quedó impresionado del colorido de la naturaleza. No es sorprendente su entusiasmo, después de dejar atrás a Alemania en ruinas. […] Me alegro mucho que estudies arte y que alguien de la familia haya heredado el talento y lo aplique en una profesión.
La exposición, inicialmente, consistía en 18 paisajes [10 óleos y 6 acuarelas]: Alemania y Colombia. 6 retratos. 3 bodegones. 1 cuadro de medallas. Proyección de fotos de obras que están en Brasil, USA, Pforzheim. Mesa con fotos familiares. Mesa con libros de la WWII del  abuelo: diccionarios. Presencia alemana en Colombia y libros del Reich. Es decir, una historia de familia enmarcada en uno de los momentos más críticos del siglo XX, y una colección de pinturas, esmaltes y medallas.
En cuanto a los paisajes de factura abierta, a brochazo limpio, poco detallado, y muy emotivos, parecen ejecutados en directo, como los impresionistas, y traducen más su placer por la expedición en campo abierto, por el pleno ejercicio del trazo liberado (el atávico nervio alemán, expresionista) que por una exigencia pictórica específica. Imágenes naturales, pintorescas, pautadas por una serie de retratos de cabezas sólidamente construidas: un autoretrato, unos jóvenes, y algunos ancianos (las edades), como si el pintor quisiera descifrar en esos rostros los avatares de la identidad y su descendencia. Sin embargo, a pesar de la crónica tremenda, ninguna imagen remite o ilustra, así sea levemente, ‘los desastres de la guerra’. Lo que vemos es la  superficie del río y no las corrientes que lleva. Cómo relacionar entonces las pinturas sobre fondo amarillo y el plegable con la crónica de la abuela Baerbel?
El día de la inauguración, noté que Carolina llevaba en la oreja derecha una figurita esmaltada de las que hizo su bisabuelo, una porrista pin-up en amarillo y azul con la falda levantada. Lo que me hizo recordar el ‘cuadro de medallas’ del Reich que estaba en la lista inicial, el plato fuerte… Tu Opa –cuenta la abuela Baerbel- tenía en el cuarto de la TV alrededor de una docena de desnudos y en la sala había un marco con fondo verde y vidrio con las insignias, no de Rojas Pinilla, sino del 3er Reich, con las que condecoraban a los oficiales alemanes. Y cuando le pregunté por qué no estaban expuestas, me dijo que No se trajeron por cuestión de seguridad, razones políticas…Una lástima, pues a juzgar por lo que puede verse en los archivos de sus obras en la página web, lo más relevante como documento histórico, artístico y técnico, serían las medallas, los esmaltes (su oficio inicial), los trabajos ausentes.
En Wikipedia leemos que “el empleo de la esvástica fuera de un contexto histórico se considera tabú en casi todo el mundo. En la actualidad, la legislación alemana prohíbe y sanciona el uso en público de la cruz gamada y otros símbolos nazis.” Lo que se complementa con la aclaración de Carolina en uno de los textos no publicados:
Las medallas no comprometen en absoluto ni las creencias de mi familia ni las mías. Reconocemos el absurdo genocidio ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial. Me parece importante mostrar las imágenes porque son documentos históricos, y en este caso ayudan a reconstruir el trabajo en esmalte, y el contacto que Wilhelm Wagner tuvo con las medallas de los soldados de la guerra.
Sin embargo, tengamos en cuenta el verdadero ‘riesgo’ que puede ofrecer el que en estos trabajos artísticos aparezca la ominosa insignia aquella.
En una entrevista le preguntan a Errol Morris, el transparente y reconocido documentalista:
ML – Y no consideró usted en algún momento utilizar la entrevista de Fred en su último documental, Fast, Cheap & Out of Control?
EM – Sí, aunque no realmente. Mi esposa tiene esta frase: ‘sea lo que sea Hitler, no es un condimento.’ Cuando usted agrega Hitler como un ingrediente a cualquier cosa eso se convierte en sabor Hitler; él todo lo domina.” Eso hubiera destruido Fast, Cheap, esencialmente.
De acuerdo, en su lugar funcionan mejor las memorias pintadas y escritas de los antepasados. Así nos parezcan incompletas.


Si desea recibir el plegable de la exposición con la biografía de Wilhelm Wagner Kappler, por favor envíeme un correo a ninapiwa@gmail.com




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